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jueves, 8 de marzo de 2012

LA FANTÁSTICA HISTORIA DE LA IGLESIA DE SAN HIPÓLITO

¿UNA ABDUCCIÓN EN MÉXICO TENOCHTITLAN?
Por: Roberto S. Contreras Esparza
Las calles de la ciudad de México están repletas de historias que evocan un pasado lleno de leyendas y misterios, pero pocas pueden compararse con la calle de Tacuba. Esta calle en tiempos de los aztecas fue parte de la calzada de Tlacopan, una de las tres que comunicaban con tierra firme a la antigua Tenochtitlán, y también una de las tres salidas que por algunos años después de la conquista tuvo como únicas la ciudad. Las otras dos calzadas eran la de Iztapalapan y la de Tepeyac o Tepeaquilla, como los españoles le decían a este lugar por no poder pronunciar esta fácil palabra. La calle de Tacuba principia no donde hoy da comienzo, sino en la que se llamo del reloj que actualmente es Republica de Argentina. Anteriormente se llamaba calzada de Tlacopan, que quiere decir lugar de las jarillas. Después, Tlacopan es testigo de la desbaratada huida de los españoles cuando la matanza del 30 de junio de 1520, la llamaron la noche triste. En esta ocasión hablaremos de una de las iglesias más importantes de la calzada de Tlacopan, hoy llamada avenida hidalgo y más adelante San Cosme. La iglesia de san Hipólito. Fundada por Hernán Cortes y sus compañeros de armas la dedican a san Hipólito para hacer recuerdo del día 13 de agosto que es el que le consagra la iglesia, fecha en que fue ganada la ciudad.

LA LEYENDA INCREÍBLE DEL LABRADOR
 En la esquina del atrio de la iglesia de san Hipólito esta en relieve una gran águila que levanta entre sus potentes garras a un indio con su cendal de plumas y garzota, y debajo un trofeo formado por arcos, flechas, hondas, macanas, carcaxes y mazas, tamboriles, teponaxtles, flámulas mexicas y otras armas de los aztecas, en la parte superior se ve un leño encendido. Todo está rematado por un ovalo con una inscripción en la que se dice de la gran derrota que allí tuvieron los españoles y de la sonada victoria que alcanzaron el 13 de agosto de 1521. Este relieve alude a la leyenda de origen Azteca que refiere el padre fray Diego Duran en “la historia de las indias de Nueva España”. Esta es la leyenda: El calor recio había agotado los campos de Coatepec, en el cielo no había una sola nube, solo unos débiles cantos de algunas aves se oían a lo lejos. En el campo, un pobre y solitario labrador de Tetzcoco, trabajaba la tierra dura. Su jornada comenzaba con la del sol. Vivía solo, no tenía parientes ni amigos. Su gesto era el de alguien a quien embarga una profunda tristeza. De tanto inclinarse en el campo ya caminaba encorvado. Dirige su mirada al cielo con la esperanza de que llegue alguna nube cargada de lluvia y riegue esas tierras áridas. De pronto una gran sombra se mueve rápida por la tierra; el labrador oye un ruido extraño sobre su cabeza, es un batir de alas apresuradas. Asustado el labrador alza los ojos y ve casi encima de si a una enorme águila. Se encoge lleno de miedo, y de repente siente en su cuerpo el roce de las plumas, luego la aspereza de las patas y como estas, sacando las garras, se afianzan en el maztate mugriento que se ajusta a su cintura. Dio un fuerte grito y sus pies desnudos, terrosos dejaron de pisar el suelo en que se afianzaban seguros y sintió subir por el aire con una ligereza que lo mareaba. Abajo quedaba la milpa, los árboles, el largo y blanco camino que recorría todos los días. Quería gritar, pero el habla se le fue toda; solo le quedo un temblor continuo, una persistente sensación de terror. Hecho una mirada hacia abajo y todo era azul; miro hacia arriba y todo también era azul. Una nube blanca bogaba cerca de su cabeza.

AL BUEN LABRADOR LE ZUMBABAN LOS OÍDOS

Traspuso la línea oscura de la serranía y el águila empezó a descender con rapidez, con las alas quietas y tendidas. Al buen labrador le zumbaban los oídos y el viento frió del descenso se le pegaba al cuerpo. Llegaron a un sitio escarpado entre la verde maraña de la maleza. Piso por fin en un lugar firme y se extendió en todo su ser un gran bienestar. El águila, posada en un peñasco, lo miraba fijamente, ladeando la cabeza de un lado al otro. De repente rompió a hablar con voz humana que inundo de susto y le helo el alma al infeliz hombre: “Poderoso señor: yo he cumplido tu mandato y aquí está el pobre labrador que me mandaste traer”. Estando en este espanto abrió los ojos el macehual y vio la boca negra de una cueva. Vino una voz de dentro: “No temas, entra buen hombre, no temas mal”. El labrador entro a la cueva. Con azoro vio el pobre labrador a un señor de ricas vestiduras y con adornos de oro, dormido sobre un blanco lecho de pieles y mantas bordadas con todos los colores. Parpadeo atónito el pobre labrador sin creer lo que sus ojos veían, pues al que miraba sumido en un plácido sueño, era nada menos que el emperador Moctezuma Hihualcamina. El temor y el asombro de verse junto a su rey se apoderaron de él.

MOCTEZUMA NO SE MOVÍA

De pronto, una voz que no pudo saber de dónde salía le dijo al indio: “Toma y descansa y mira a ese miserable de Moctezuma, sin sentido, embriagado con su soberbia e hinchazón, que a todo mundo tiene en nada; y si quieres ver cuán fuera de sí le tiene esta su soberbia, dale con ese humazo ardiendo en el muslo y veras como no siente”. El indio se resistía, temeroso de arrimarle el fuego a su soberano, a quien todo el mundo veía con miedo y respeto propios de un dios. Con su mirada suplicaba que no lo mandasen a esa cosa tan difícil de hacer. La voz volvió a insistir y el labrador le pego aquel fuego en la carne que chirrió y humeo soltando un olor a carne quemada en el aire. El emperador siguió tranquilo, metido en su sueño apacible sin zozobras. El campesino se asombro al ver que Moctezuma no se movía, como si no hubiese sentido el intenso ardor de la quemadura. La extraña voz lo confirmo: “¿Ves como no siente y que tan insensible es? Pues sábete que para esto fuiste traído aquí por mi mandato; anda, vete, regresa al lugar de donde fuiste traído y dile a Moctezuma lo que has visto y lo que te mande hacer; y para que entienda que lo que le dices es verdad dile que te muestre el muslo y enséñale el lugar en donde le pegaste el humazo, y hallara allí la señal del fuego; y dile que tiene enojado al dios de lo creado y que el mismo se ha buscado el mal que sobre él ha de venir y que ya se le acabara su mando y su soberbia; que goce bien del poco tiempo que le queda y que tenga paciencia pues el mismo se ha buscado el mal”.

ANDUVO DANDO VUELTAS Y LUEGO SE METIÓ EN UNA NUBE

La cueva se lleno de neblina y el indio sintió como si fuera otra vez por los aires. El águila bajo con rapidez y lo puso en el campo seco, donde lo había recogido, y de nuevo con voz de persona le dijo: “Mira, hombre labrador, no temas, con ánimo y corazón, haz lo que el señor te ha dicho y no se te olvide ninguna de las palabras que has de decir”. El águila echo su vuelo hacia el cielo; anduvo un rato dando vueltas y luego se metió en una nube. El indio quedo perplejo y no sabía si se quedo dormido en el campo o si en realidad había ocurrido aquello; pero al ver en sus manos el “humazo” –como llamaban los españoles al rollo de hojas de tabaco- se convenció de que fue verdad. El miedo ahora era otro: ver a Moctezuma. Fue al palacio de tan gran señor y llego humildemente, caminando de rodillas, ante el emperador y sin atreverse a alzar la mirada para verle el rostro, le dijo con voz temblorosa por el temor: “Poderoso señor, yo soy natural de Coatepec y estando en mis tierras labrándolas, llego un águila y me llevo a un lugar donde vi a un gran señor poderoso, el cual me dijo que descansase, y mirando a un lugar claro y alegre te vi sentado junto a mí y dándome unas rosas y una caña ardiendo para que chupase el humo de ella: después que estaba muy encendida me mando te hiriese en el muslo, y te herí con aquel fuego y no hiciste ningún movimiento ni sentimiento del fuego, y diciendo cuan insensible estabas y cuan soberbio, y como ya se te acababa tu reinado y se te acercaban los trabajos que has de ver y experimentar muy en breve, buscados y tomados por tu propia mano y merecidos por tus malas obras, me mando volver a mi lugar y que luego te viniese a decir todo lo que había visto; y el águila tomándome de los cabellos me volvió al lugar de donde me había llevado, y vengo a decirte lo que me fue mandado”... Después de oír este relato, Moctezuma se quedo pensando, como queriendo recordar algo; al fin le vino a la memoria el recuerdo de que la noche anterior había soñado que un indio pobre le puso fuego en el muslo, se reviso y allí estaba la viva señal del fuego. En el acto se le alzo por toda la pierna un gran dolor. Ardores internos le comían la carne y ya no pudo mandar sueltamente a su cuerpo. Casi sin pulso y sin aliento lo llevaron a su cama con pieles densas de salvajinas en las que permaneció por varios días quejándose y sin dormir. Ordeno enfurecido que a aquel indio tezcocano lo echaran a una prisión oscura en donde ya no viera el sol ni la luna y que no volviesen a recordarlo sino hasta pasado el tiempo y solo sacaran el cadáver de su celda y lo dieran de comer a las bestias del campo. Los mandatos se cumplieron como lo ordeno Moctezuma.

LA LEYENDA HOY EN DÍA Y EL ORIGEN DE LOS MITOS
Tan interesante leyenda, de un origen evidentemente azteca, ha sido esculpida en la piedra que está en la esquina de lo que hoy es la Avenida Reforma y Avenida Hidalgo. Muchas personas pasan junto al relieve sin comprender su significado, cada quien lo interpreta a su modo, desde la idea de lo que podría ser el primer registro de una abducción en el México de antes de la conquista, debido a las similitudes que tiene con la casuística ovni y la carencia de un lenguaje técnico que pudiera darnos una idea de lo que realmente paso, pues no debemos olvidar que todas las leyendas y los mitos tienen un origen basado en un acontecimiento real. Actualmente el ambulantaje ha cooperado para que pase desapercibido, tapándolo con sus puestos y lonas, haciendo un poco difícil de ver en todo su esplendor el relieve, que en resumen conmemora la terrible derrota sufrida por los españoles, la tiranía y crueldad de uno de los más polémicos emperadores que ha tenido México, que sin duda es Moctezuma.

1 comentario:

  1. Indudablemente que la historia de nuestro México, en la etapa de los aztecas es impresionantemente maravillosa, llena de grandes leyendas y diría yo, de grandes verdades y realidades que se pudieron haber vivido. Qué triste es que como mexicanos no valoremos toda esta historia que encierran cada espacio y cada tiempo de lo que vivieron nuestros antepasados. en lo particular, me arrepiento a mis 57 años de vida no haberme documentado de datos tan interesante que tiene nuestra historia, la cual es tan rica y vasta, que es lo que nos hace y nos da esa identidad tan inigualable con otros países del mundo.
    En esos puntos esenciales como en otros, es que se deberían hacer grandes REFORMAS, empezando con meter en cintura a esos "maestros" que en lugar de estarse preparando, de estar revisando sus planes y programas de estudio que han de poner a la práctica en el aula, plagian el tiempo que le corresponde a los niños para enseñarles y aprender todo lo que necesitan; y hacer de este México perdido en la ignorancia, en la delincuencia, en la prostitución y el antipatriotismo, un México de primer mundo, en el que se refleje la idea, pensamiento y capacidad creadora y de innovación de muchos de los que hoy están en la etapa de formación.
    GRACIAS, por este invaluable aporte histórico y cultural.

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