domingo, 15 de mayo de 2011

DUENDES EN EL SANTUARIO DE CHALMA

ELLOS JUGABAN JUNTO AL RÍO
Por Roberto S. Contreras Esparza

Entre todos los seres fantásticos que son mencionados en tradiciones y leyendas están los Duendes, entidades de pequeña estatura que deambulan por casi todo el mundo. Su nombre depende del lugar en donde son vistos y aunque en nuestro país siempre se ha hablado de ellos, casi no hay literatura o datos que nos digan cómo son en realidad y si sabemos de ellos es por influencia de libros, películas y caricaturas que nos llegan de otros países y casi no tomamos en cuenta la gran cantidad de relatos que en México se tienen sobre ellos e incluso aquí les llamamos Aluxes o Chaneques. Sobre ellos se cuenta que, poseen poderes sobrenaturales y habitan cerca de los ríos, en cuevas, casonas abandonadas o a las afueras de los pueblos y ciudades. Se les identifica como personajes divertidos; les gusta hacer travesuras, son muy alegres y juguetones. Pero en otras ocasiones son todo lo contrario y nos dan miedo. Antiguos relatos cuentan que se roban las cosas, animales o niños, incluso algún adulto. Para muchos es sólo folklore o historias que se inventan para motivar la imaginación infantil Y que van creciendo de boca en boca como sucede con los rumores. Seguramente una buena parte de los relatos sobre hadas y duendes son producto de la fantasía; pero hay casos en que personas que no se han propuesto inventar nada han tenido la experiencia involuntaria de encontrarse con esta clase de seres; personas dignas de crédito, en las que sus testimonios resultan de un gran interés y nos hacen reflexionar sobre la existencia de esos seres que cohabitan con nosotros en secreto, como en el caso que exponemos a continuación:
CHALMA, LUGAR MÁGICO, MISTERIOSO Y ESPIRITUALIDAD


Lo que aquí se narra sucedió efectivamente en Chalma, un pequeño poblado que se encuentra en el Estado de México, cerca del Distrito Federal. Chalma está ubicada a pocos kilómetros de la zona arqueológica de Malinalco, lo que le da una magia ancestral. Actualmente es un santuario conocido por todos los mexicanos y es famoso porque ahí llegan miles de peregrinos en busca de un milagro. Se encuentra en una zona agreste, dominada por la barranca de Ocuilán, que es parte del sistema montañoso del Ajusco. Aunque no es claro el significado de su nombre, Chalma pudiera provenir de las raíces nahuas: chall (boca) y maitl (mano), lo que para algunos investigadores sugiere el acto de "persignarse", que se identifica con la nueva religiosidad del lugar, que después de la conquista sustituyo a las antiguas creencias. Cualquiera que sea su origen histórico o lingüístico, el caso es que la región de Chalma se caracteriza por la presencia de la magia, del milagro, y en este caso de los duendes.

TODO COMENZÓ EN UN VIAJE DE FIN DE SEMANA


En el año de 1995, en octubre, el señor Carmelo Domínguez invitó a su compadre, Aníbal Fernández Arias, a pasar un fin de semana en su pueblo: Santiago Tianguistengo, en el estado de México. El señor Domínguez ya tiene muchos años de vivir en la ciudad de México; pero sus padres viven todavía en el pueblo; por lo que él dispone de casa ahí y los visita frecuentemente. En cambio el señor Fernández es completamente citadino, pues nació en el corazón del Distrito Federal, en la colonia Santa María la Rivera, donde ha vivido siempre. El señor Fernández nos contó que su compadre Carmelo lo invitó a visitar primero el santuario de Chalma, porque sus familiares tienen por costumbre ir ahí con frecuencia y lo conocen muy bien. Como el lugar es muy famoso y tanto él como su familia nunca habían estado ahí, le pareció buena idea. El proyecto era viajar a Chalma el viernes por la tarde, pasar la noche ahí y trasladarse a Santiago Tianguistengo el sábado a cualquier hora, pues se trata de un trayecto muy corto; en el pueblo pasaría el resto del fin de semana.
VIMOS UNOS HOMBRECILLOS COMO DE CUARENTA CENTÍMETROS


Así que los compadres y sus familias llegaron a Chalma el viernes, según lo previsto; se instalaron en uno de los hoteles de la localidad y a eso de las siete y media don Carmelo sugirió que dieran un paseo por el pueblo y sus alrededores; aunque ya estaba oscuro, él conocía muy bien el lugar y no había peligro alguno. Se pusieron en marcha todos juntos, recorrieron el atrio de la iglesia y subieron por las escaleras que se encuentran al costado izquierdo que conducen al panteón; por ahí atravesaron para encaminarse a una barranca que lleva al río. Fue ahí donde sucedieron los hechos. Ya muy cerca del río, René, el hijo mayor de don Carmelo, que llevaba una lámpara sorda, y comandaba al grupo dirigió la luz hacia la orilla del río y todos vieron (o eso creyeron) con claridad varios hombrecillos de unos cuarenta centímetros de alto que simplemente descansaban ahí, junto al río. La impresión de René fue tan grande que se puso a temblar, lo mismo que su hermana, quien no pudo controlar su miedo y sufrió una crisis nerviosa. Pensaron alejarse de ahí inmediatamente; pero María, una muchacha de 17 años, hija de don Aníbal, cayó desmayada. Trataron de pedir ayuda; pero no había gente por ahí; así que tuvieron que esperar a que se recuperara la muchacha y regresaron al hotel, donde pudieron calmarse y comentar lo que les habla sucedido. Algunos de los testigos dicen haber visto tres hombrecitos de blanco que, al parecer, se lavaban en el río. El hijo de don Carmelo, René, nos dijo que él había notado que algo se movía junto al río, pensando que eran animales, dirigió la luz hacia allá y fue cuando todos los vieron, los hombrecillos quedaron deslumbrados por la luz unos momentos, pero rápidamente corrieron para esconderse. Ya no supieron dónde se habían metido o qué pasó con ellos porque se perdieron en la oscuridad; además de que ambas familias también huyeron en sentido opuesto a los hombrecillos. Narrando esta experiencia, el señor Aníbal nos dijo lo siguiente:
PARA LOS POBLADORES NATIVOS DE AHÍ, ESO ES COMÚN


"Al comentar entre nosotros lo que había pasado y tratando de recordar lo más posible, estuvimos de acuerdo en que había más de esos duendes por ahí en el momento en que vimos a los que estaban en el río; pero a los otros apenas los vimos de reojo. Claro que ya no regresamos por ese lugar, antes teníamos la intención de ir por la orilla del río y llegar por la parte de atrás del santuario; pero de haber sabido lo que íbamos a encontrar mejor lo hubiéramos dejado por la paz. Aquella noche no pudimos dormir. Al día siguiente les contamos todo a varias personas del pueblo; pero nadie se sorprendió; nos dijeron que se trataba de duendes y que de vez en cuando andaban por ahí… Yo iba casi hasta adelante, por lo que creo que lo vi todo; aunque pasó muy rápido. Yo vi a tres hombrecitos o duendes que estaban a la orilla del río; ellos vestían de blanco como los inditos; dos de ellos parecían mayores y el otro era joven. Para que se den una idea, ellos vestían como para la "danza de los viejitos" de Michoacán. Los dos que parecían maduros traían en la cabeza algo semejante a un sombrero. Lo que me llamó mucho la atención es que cuando corrieron, no movieron las ramas, ni se oyeron sus pasos. Al llegar a la casa de los papás de mi compadre, les dijimos lo que nos había pasado y ellos tampoco se sorprendieron, hasta nos contaron otras cinco o seis historias parecidas a la nuestra, que les habían pasado a otros peregrinos en Chalma. Para todos nosotros sí fue una cosa muy extraña, y nunca lo podremos olvidar".
EN TODO EL MUNDO SE HABLA DE ESTAS ENTIDADES DIMINUTAS


Historias como ésta abundan en México; aunque no se trata de evidencias contundentes y se carece de pruebas objetivas, muchas de ellas no es tampoco creíble asociarlas con algún tipo de alucinación colectiva; sobre todo porque se presentan interesantes coincidencias en la descripción de estos seres y eso no es objeto de fantasías individuales o de grupos pequeños, como el caso de la experiencia anterior. Por todo el mundo hay registros de estas apariciones; no sabemos científicamente qué son ni de dónde provienen; hay muy pocas investigaciones serias al respecto, la mayoría de los libros que tratan de los duendes los toman como fantasías populares y no les conceden siquiera la posibilidad de existir, tal vez porque consideran que la única realidad es la que se nos presenta delante todos los días. Eso sólo puede significar dos cosas: que realmente estas entidades no existan, o que nuestra vista “mental” y prejuicios nos alejan de la posibilidad de poderlas ver y entender a estas criaturas elementales.


CHALMA UN SANTUARIO DE MILAGROS Y MISTERIOS

2 comentarios:

  1. Yo si creo que existan, y tanta gente en el mundo no pueden estar mintiendo y describiendo los mismos seres con tal similitud.

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  2. Ahora, me encantaria ver una foto, seria emocionante!!

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