domingo, 29 de diciembre de 2013

LA PIEDRA MALDITA DE LAS ESTACADAS

EL SANTO OFICIO EN MÉXICO
Roberto S. Contreras Esparza

El relato que presentamos a continuación ocurrió en el apacible y colonial pueblo de Taxco de Alarcón, Guerrero, hace varios siglos. Fue una época en la que la calumnia, la ignorancia y el fanatismo dictaban leyes que, bajo el pretexto de la moral y la fe, se aplicaban de forma unilateral y despiadada, especialmente contra las mujeres más pobres y vulnerables, señaladas, juzgadas y humilladas sin derecho a defensa. En el centro de esta historia no hay un personaje, sino un objeto: una enorme roca rectangular con un orificio profundo en su parte superior. No era un altar. Era un instrumento de tortura y muerte. Un arma de supuesta “justicia y castigo” reservada para mujeres acusadas de adulterio. Curiosamente, no eran juzgadas como brujas ni como adoradoras del Demonio, pero el Santo Oficio de la Nueva España las trató con la misma crueldad. Para entender cómo llegó a existir, primero debemos entender cómo llegó la Inquisición a México.


EL SANTO OFICIO EN LA NUEVA ESPAÑA

Consumada la caída de Tenochtitlan en 1521, la Corona Española dispuso implantar en América todas las instituciones vigentes en la Península, incluido el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Aunque desde 1522 ya actuaban inquisidores apostólicos como Fray Juan de Zumárraga, fue hasta 1571 cuando se estableció formalmente el Tribunal. El rey Felipe II nombró a Don Pedro Moya de Contreras como primer Inquisidor Mayor de la Nueva España. El acto fundacional fue solemne y aterrador. Todos los habitantes de la Ciudad de México mayores de doce años fueron convocados bajo amenaza de excomunión a la Iglesia Mayor para oír misa, sermón y prestar el Juramento de Fe. El sistema era implacable: no se necesitaba una denuncia formal. Un rumor, una sospecha o una carta anónima bastaban para iniciar un proceso. Los juicios, que solían ser públicos, en ocasiones se realizaban con un lujo de crueldad que buscaba ser ejemplar y atemorizar a la población.


TAXCO Y LA INQUISICIÓN

Nuestra investigación sobre esta piedra no comenzó en archivos, sino en el campo. Llegamos a Taxco para ofrecer una conferencia y participar en un programa de radio sobre fenómenos anómalos registrados durante nuestras investigaciones. Fue allí donde un guardia de seguridad del antiguo Museo de Arte Virreinal (conocido popularmente como Casa Humboldt, pues el Barón Alexander Von Humboldt pernoctó allí una noche en 1803), nos habló de un sitio particular dentro del recinto. Según él, en ciertas salas se escuchaban quejidos, ruidos inexplicables y se percibían manifestaciones que los trabajadores atribuían a lo paranormal. Al visitar el museo, que exhibe mobiliario, objetos y enseres de la época virreinal, notamos algo que nos desvió por completo de nuestro objetivo inicial. En el centro de una de las salas yacía una enorme roca rectangular con una perforación central perfectamente tallada. Aquella piedra desentonaba con todo lo demás. Intrigados y en compañía de Cipriano el Curandero de Taxco y Reinaldo Ovalle originarios de este poblado e integrante del GIMEP (Grupo de Investigación de Misterios Extraterrestres y Parapsicológicos), preguntamos por su origen. La única respuesta que obtuvimos en ese momento fue parca y seca: “Fue un instrumento de tortura”. 


LA MEMORIA DEL CRONISTA

Al día siguiente buscando información, gracias a la gestión de Reinaldo, logramos entrevistar al cronista e historiador oficial de Taxco, Don Sinesio R. Moctezuma, quien lamentablemente fallecería pocos días después de la plática, debido a su avanzada edad y males que lo aquejaban. Fue él quien nos dio la clave. Don Sinesio nos explicó el origen de la piedra y nos remitió a su obra fundamental, “Monografía Histórico-Geográfica de Taxco de Alarcón y sus Leyendas”. De sus páginas extrajimos el siguiente testimonio, que transcribimos respetando su esencia:


HUMILLADAS Y REPUDIADAS 

“La leyenda narra que la esposa era perseguida por determinado hombre para cometer el vil acto de infidelidad al esposo, este endilgaba sus pesquisas vigilando paso a paso a su cónyuge, hasta no rayar en el desengaño. Si el hecho era confirmado, esta infiel esposa era conducida por su esposo, autoridad y pocos vecinos, hasta un lugar preparado exprofeso, donde estaba colocada una piedra en forma rectangular y con un hueco en el centro y parte superior de dicha piedra. La esposa infiel al salir de su casa era vestida con sus mejores galas y vestidos de la época, llevando el corazón destrozado por la angustia de la muerte que le esperaba. La acompañaba el esposo y escasos vecinos al lugar del suplicio afrentoso y cruel. Llegados al lugar del sufrimiento, oraban a sus dioses, se colocaba una estaca en el hueco de la piedra; la mujer con el terror reflejado en su semblante era despojada de sus vestiduras, porque tenía enfrente el instrumento de su muerte. Era subida a la piedra por las pocas mujeres que la acompañaban en ese trance. Desnuda y ya enloquecida por lo que le esperaba, era colocada de asentaderas en la punta de la estaca, y en un movimiento continuo, iban siendo perforadas las partes más íntimas y nobles de la víctima hasta sucumbir esta, en medio de las más atroces y terribles convulsiones de la muerte”.


UNA LEY DE BARBARIE

De esa forma era vengado ese acto de infidelidad en presencia de las demás mujeres y las más de las veces, atestiguado tan solo por el esposo ofendido, que se conmovía ante tal tormento fatídico y cruel, pero que debía cumplirse porque era una ley de barbarie. Concluido el tormento, la víctima era conducida a una fosa, sin gloria ni pompas de la época, porque la afrenta de infidelidad así tenía que ser cobrada. Quedaban esposo e hijos solos. El tiempo borraba todo, y seguía su veloz carrera. El hallazgo de varias osamentas confirma este hecho. Infidelidad, arma mortífera, instrumento de muerte, afrenta conyugal en esos tiempos. Hoy; divorcio, bigamia, disolución conyugal, y no ha pasado nada. La piedra de ese tormento se mantiene como fiel testigo en uno de los rinconcitos exteriores de la biblioteca de la Lajuela, antes casa de la cultura de guerrero en las calles de ex rastro y estacadas. Esta es la leyenda de las estacadas, y la piedra del mismo nombre se conserva como un instrumento de suplicio de aquella época y no como joya de gratos recuerdos”.


FENÓMENOS ANÓMALOS

La conocida como “Piedra de las Estacadas” no solo dio nombre a uno de los barrios más antiguos de Taxco, el Barrio de las Estacadas, sino que se ha conservado hasta nuestros días como un mudo testigo de aquella época. Para comprender su recorrido y entrevistamos al señor César García Charco, quien (hace ya tiempo) se desempeñaba como promotor cultural del Museo de Arte Virreinal. Su testimonio fue esclarecedor: “Esta piedra fue un rescate del propio museo. Originalmente se encontraba en la parte baja del Barrio de las Estacadas. Cuando se construyó un centro comercial en esa zona, la piedra quedó abandonada, de un lado a otro, e incluso alguien intentó llevársela. Afortunadamente, un presidente municipal intervino y ordenó que se resguardara en un museo. Así fue como llegó aquí. Su historia es muy impactante. Si uno observa con atención, verá el orificio central donde se colocaba la estaca. Se dice que la Santa Inquisición tenía una especie de representación aquí y que este era uno de sus métodos de castigo. No fueron muchas las mujeres ejecutadas de esta forma, porque bastaban pocos ejemplos para sembrar el terror. Se sentaba a las mujeres acusadas de infidelidad bajo el lema “por donde has pecado, por ahí sufrirás”. Así era un empalamiento que provocaba una muerte segura, lenta y extremadamente dolorosa”.


OBJETO OSCURO DE NUESTRA HISTORIA

OBJETO OSCURO DE NUESTRA HISTORIA

Durante nuestra estancia, varios trabajadores del museo nos confiaron que al estar cerca de la piedra provoca sensaciones extrañas, opresión en el pecho y una profunda inquietud, según ellos. Si bien no pudimos comprobar seriamente estos fenómenos, los relatos fueron constantes y coincidentes. Hoy, la “Piedra Maldita” se conserva en un sitio central de la Casa de la Cultura de Taxco y hoy Casa Humboldt. Ya no es un instrumento de muerte, sino un vestigio histórico que nos obliga a recordar hasta dónde puede llegar el fanatismo cuando se disfraza de justicia. Si uno visita Taxco, más allá de su plata, su gente amable y sus callejones empedrados, podrá encontrarse frente a frente con este fragmento oscuro de nuestra historia y escuchará por los habitantes de este apacible poblado, una gran cantidad de historias y algunas con su toque de misterio y hechos sorprendentes, como la que le hemos presentado en esta investigación sobre esa peculiar piedra, “La Piedra Maldita de las Estacadas” y el Santo Oficio en Taxco de Alarcón.

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