El relato que presentamos a continuación
ocurrió en el apacible y colonial pueblo de Taxco de Alarcón, Guerrero, hace
varios siglos. Fue una época en la que la calumnia, la ignorancia y el
fanatismo dictaban leyes que, bajo el pretexto de la moral y la fe, se
aplicaban de forma unilateral y despiadada, especialmente contra las mujeres
más pobres y vulnerables, señaladas, juzgadas y humilladas sin derecho a
defensa. En el centro de esta historia no hay un personaje, sino un objeto: una
enorme roca rectangular con un orificio profundo en su parte superior. No era
un altar. Era un instrumento de tortura y muerte. Un arma de supuesta “justicia
y castigo” reservada para mujeres acusadas de adulterio. Curiosamente, no eran
juzgadas como brujas ni como adoradoras del Demonio, pero el Santo Oficio de la
Nueva España las trató con la misma crueldad. Para entender cómo llegó a
existir, primero debemos entender cómo llegó la Inquisición a México.
Consumada la caída de Tenochtitlan en
1521, la Corona Española dispuso implantar en América todas las instituciones
vigentes en la Península, incluido el Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición. Aunque desde 1522 ya actuaban inquisidores apostólicos como Fray
Juan de Zumárraga, fue hasta 1571 cuando se estableció formalmente el Tribunal.
El rey Felipe II nombró a Don Pedro Moya de Contreras como primer Inquisidor
Mayor de la Nueva España. El acto fundacional fue solemne y aterrador. Todos
los habitantes de la Ciudad de México mayores de doce años fueron convocados
bajo amenaza de excomunión a la Iglesia Mayor para oír misa, sermón y prestar
el Juramento de Fe. El sistema era implacable: no se necesitaba una denuncia
formal. Un rumor, una sospecha o una carta anónima bastaban para iniciar un
proceso. Los juicios, que solían ser públicos, en ocasiones se realizaban con
un lujo de crueldad que buscaba ser ejemplar y atemorizar a la población.
Nuestra investigación sobre esta piedra
no comenzó en archivos, sino en el campo. Llegamos a Taxco para ofrecer una
conferencia y participar en un programa de radio sobre fenómenos anómalos
registrados durante nuestras investigaciones. Fue allí donde un guardia de
seguridad del antiguo Museo de Arte Virreinal (conocido popularmente como Casa
Humboldt, pues el Barón Alexander Von Humboldt pernoctó allí una noche en
1803), nos habló de un sitio particular dentro del recinto. Según él, en
ciertas salas se escuchaban quejidos, ruidos inexplicables y se percibían
manifestaciones que los trabajadores atribuían a lo paranormal. Al visitar el
museo, que exhibe mobiliario, objetos y enseres de la época virreinal, notamos
algo que nos desvió por completo de nuestro objetivo inicial. En el centro de
una de las salas yacía una enorme roca rectangular con una perforación central
perfectamente tallada. Aquella piedra desentonaba con todo lo demás. Intrigados
y en compañía de Cipriano el Curandero de Taxco y Reinaldo Ovalle originarios
de este poblado e integrante del GIMEP (Grupo de Investigación de Misterios
Extraterrestres y Parapsicológicos), preguntamos por su origen. La única
respuesta que obtuvimos en ese momento fue parca y seca: “Fue un instrumento de
tortura”.
Al día siguiente buscando información,
gracias a la gestión de Reinaldo, logramos entrevistar al cronista e
historiador oficial de Taxco, Don Sinesio R. Moctezuma, quien lamentablemente
fallecería pocos días después de la plática, debido a su avanzada edad y males
que lo aquejaban. Fue él quien nos dio la clave. Don Sinesio nos explicó el
origen de la piedra y nos remitió a su obra fundamental, “Monografía
Histórico-Geográfica de Taxco de Alarcón y sus Leyendas”. De sus páginas
extrajimos el siguiente testimonio, que transcribimos respetando su esencia:
“La leyenda narra que la esposa era
perseguida por determinado hombre para cometer el vil acto de infidelidad al
esposo, este endilgaba sus pesquisas vigilando paso a paso a su cónyuge, hasta
no rayar en el desengaño. Si el hecho era confirmado, esta infiel esposa era
conducida por su esposo, autoridad y pocos vecinos, hasta un lugar preparado
exprofeso, donde estaba colocada una piedra en forma rectangular y con un hueco
en el centro y parte superior de dicha piedra. La esposa infiel al salir de su
casa era vestida con sus mejores galas y vestidos de la época, llevando el
corazón destrozado por la angustia de la muerte que le esperaba. La acompañaba
el esposo y escasos vecinos al lugar del suplicio afrentoso y cruel. Llegados
al lugar del sufrimiento, oraban a sus dioses, se colocaba una estaca en el
hueco de la piedra; la mujer con el terror reflejado en su semblante era
despojada de sus vestiduras, porque tenía enfrente el instrumento de su muerte.
Era subida a la piedra por las pocas mujeres que la acompañaban en ese trance.
Desnuda y ya enloquecida por lo que le esperaba, era colocada de asentaderas en
la punta de la estaca, y en un movimiento continuo, iban siendo perforadas las
partes más íntimas y nobles de la víctima hasta sucumbir esta, en medio de las
más atroces y terribles convulsiones de la muerte”.
De esa forma era vengado ese acto de
infidelidad en presencia de las demás mujeres y las más de las veces,
atestiguado tan solo por el esposo ofendido, que se conmovía ante tal tormento
fatídico y cruel, pero que debía cumplirse porque era una ley de barbarie.
Concluido el tormento, la víctima era conducida a una fosa, sin gloria ni
pompas de la época, porque la afrenta de infidelidad así tenía que ser cobrada.
Quedaban esposo e hijos solos. El tiempo borraba todo, y seguía su veloz
carrera. El hallazgo de varias osamentas confirma este hecho. Infidelidad, arma
mortífera, instrumento de muerte, afrenta conyugal en esos tiempos. Hoy;
divorcio, bigamia, disolución conyugal, y no ha pasado nada. La piedra de ese
tormento se mantiene como fiel testigo en uno de los rinconcitos exteriores de
la biblioteca de la Lajuela, antes casa de la cultura de guerrero en las calles
de ex rastro y estacadas. Esta es la leyenda de las estacadas, y la piedra del
mismo nombre se conserva como un instrumento de suplicio de aquella época y no
como joya de gratos recuerdos”.
La conocida como “Piedra de las
Estacadas” no solo dio nombre a uno de los barrios más antiguos de Taxco, el
Barrio de las Estacadas, sino que se ha conservado hasta nuestros días como un
mudo testigo de aquella época. Para comprender su recorrido y entrevistamos al
señor César García Charco, quien (hace ya tiempo) se desempeñaba como promotor
cultural del Museo de Arte Virreinal. Su testimonio fue esclarecedor: “Esta
piedra fue un rescate del propio museo. Originalmente se encontraba en la parte
baja del Barrio de las Estacadas. Cuando se construyó un centro comercial en
esa zona, la piedra quedó abandonada, de un lado a otro, e incluso alguien
intentó llevársela. Afortunadamente, un presidente municipal intervino y ordenó
que se resguardara en un museo. Así fue como llegó aquí. Su historia es muy
impactante. Si uno observa con atención, verá el orificio central donde se
colocaba la estaca. Se dice que la Santa Inquisición tenía una especie de
representación aquí y que este era uno de sus métodos de castigo. No fueron
muchas las mujeres ejecutadas de esta forma, porque bastaban pocos ejemplos
para sembrar el terror. Se sentaba a las mujeres acusadas de infidelidad bajo
el lema “por donde has pecado, por ahí sufrirás”. Así era un empalamiento que
provocaba una muerte segura, lenta y extremadamente dolorosa”.
Durante nuestra estancia, varios trabajadores del museo nos confiaron que al estar cerca de la piedra provoca sensaciones extrañas, opresión en el pecho y una profunda inquietud, según ellos. Si bien no pudimos comprobar seriamente estos fenómenos, los relatos fueron constantes y coincidentes. Hoy, la “Piedra Maldita” se conserva en un sitio central de la Casa de la Cultura de Taxco y hoy Casa Humboldt. Ya no es un instrumento de muerte, sino un vestigio histórico que nos obliga a recordar hasta dónde puede llegar el fanatismo cuando se disfraza de justicia. Si uno visita Taxco, más allá de su plata, su gente amable y sus callejones empedrados, podrá encontrarse frente a frente con este fragmento oscuro de nuestra historia y escuchará por los habitantes de este apacible poblado, una gran cantidad de historias y algunas con su toque de misterio y hechos sorprendentes, como la que le hemos presentado en esta investigación sobre esa peculiar piedra, “La Piedra Maldita de las Estacadas” y el Santo Oficio en Taxco de Alarcón.





.jpg)

.jpg)

.jpg)
.jpg)










