viernes, 2 de diciembre de 2011

LA VIRGEN DE GUADALUPE EN EL PALACIO DEL ARZOBISPADO

LA TILMA, JUAN DIEGO Y FRAY DE ZUMÁRRAGA
Por Roberto S. Contreras Esparza

En el corazón de nuestra gran ciudad sucedió hace varios siglos un hecho muy importante para el pueblo mexicano, especialmente para todas las personas que sienten su religión y llevan muy marcadas en su mente las manifestaciones de la Virgen de Guadalupe y el ahora Santo Juan Diego. Este acontecimiento ha trascendido mundialmente y casi todos los mexicanos conocemos la historia que tuvo lugar cierto día de diciembre de 1531. Pero lo que muy pocos saben es que el encuentro de Juan Diego con quien por aquel entonces era el arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, sucedió en pleno Centro Histórico, a un costado de lo que hoy es Palacio Nacional y a pocos metros donde quedan las ruinas de lo que fue el gran el Templo Mayor. El sitio es el Palacio del Arzobispado, hoy Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Ahí tuvo lugar la reveladora presentación de la imagen de la Virgen por parte de Juan Diego, que sería fundamental y trascendente en la vida del pueblo mexicano. Pero antes de adentrarnos en este interesante suceso, averigüemos algo más de la singular historia de esta antiquísima construcción. Iniciemos con el predio y lo que ahora podemos apreciar ahí. Vestigios de la pirámide a Tecaztlipoca.


ERA EL TEMPLO DE TEZCATLIPOCA

El terreno donde está el actual Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público cuenta con más de seiscientos años. En la capital del imperio mexica fue la sede del templo dedicado a una de sus principales deidades: el gran Tezcatlipoca, dios protector de los guerreros y, entre otros de sus atributos, señor del inframundo. El primer obispo de la Nueva España, fray Juan de Zumárraga, escogió este sitio para fijar su residencia. Zumárraga, fue nombrado arzobispo en 1547, pero falleció antes de recibir las bulas de su consagración. A pesar de haber donado en vida la casa y sus posteriores ampliaciones al Hospital del Amor de Dios, por decisión de la jerarquía eclesiástica, este sitio habría de fungir como sede del Arzobispado de México por algún buen tiempo.


LA IGLESIA PIERDE ESTA INSIGNE PROPIEDAD

A lo largo de la Colonia, la modesta construcción original fue cambiando notoriamente. Alcanzó sus dimensiones y majestuosidad de palacio en el siglo XVIII, características que permanecen hasta nuestros días. En el Palacio del Arzobispado se encontraban las habitaciones privadas de los altos prelados de la Iglesia católica, las oficinas, los tribunales, una fábrica de campanas y una cárcel eclesiástica, donde (poco saben) fue recluido uno de los precursores de la guerra de Independencia: el licenciado Francisco Primo de Verdad y Ramos, quien murió ahí mismo en circunstancias misteriosas. El clero fue perdiendo poder político y se trastocaría su enorme estructura económica al aprobarse las Leyes de Reforma que decretaban la separación de la Iglesia del Estado y la desamortización (largo proceso histórico-económico iniciado en España a finales del siglo XVIII) de sus bienes. Y aunque las Leyes de Reforma no incluían los inmuebles destinados a casas cúrales y para el servicio del clero —caso del Palacio Arzobispal— el clima político y el ya grave deterioro del inmueble determinó que el último arzobispo que en él habitó lo abandonara. La Iglesia nunca más reclamó esta propiedad.


DIVERSOS USOS PARA ESTE INMUEBLE

Tras haber sido cárcel para los enemigos de la Revolución de Ayutla, y posteriormente cuartel de las tropas francesas en 1867, la República restaurada asignó el inmueble a la Contaduría Mayor de Hacienda y a la Imprenta del gobierno federal, donde se editaba el Diario Oficial. Cierta área se ocupó para la fábrica de cigarros La Sultana, hasta 1890. El ex arzobispado, como se le conocía entonces, fue sede de oficinas de la Secretaría de Hacienda, de Guerra y Marina, y de Bienes Nacionales e Inspección Administrativa. En 1931 se le declaró monumento histórico y se ordenó su reparación. En 1961, por decreto presidencial se destinó a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Fungió como sede de una escuela primaria, guardería y jardín de niños, y luego como oficinas para iniciar su restauración.


LA REPARACIÓN DEL EDIFICIO

Después del terremoto de 1985 se cerró para su total restauración. Por el hecho de haber sido erigido sobre el basamento de una pirámide, el edificio no padeció el hundimiento natural que sucede con gran cantidad de construcciones del Centro Histórico; sin embargo, sí provocó daños estructurales. Durante las obras para darle estabilidad al edificio se logró la localización de los muros norte y oriente del Templo de Tezcatlipoca, y el 1 de julio de 1988, durante los trabajos de re cimentación, enterrado a dos metros debajo de la fuente del segundo patio se encontró un monolito circular pintado de rojo. Estaba en su posición original, sobre lo que pudiera ser la plataforma del templo, una piedra basáltica de 224 centímetros de diámetro, con una representación del sol labrada en la parte superior, y en el centro un rostro de una deidad solar. En el canto de este impresionante monolito llamado Temalácatl-Cuauxhicalli se narran las conquistas del tlatoani Moctezuma Ilhuicamina, en once escenas que además hacen referencias continuas al dios Tezcatlipoca, identificado por su pie cercenado y en su lugar el espejo humeante. Hubo posteriores trabajos de rescate como parte del Programa de Arqueología Urbana que permitieron la delimitación del templo. Así, después de todo este reacomodo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público determinó darle un justo uso al inmueble: convertirlo en un espacio dedicado a la cultura, donde se exhibiera de manera permanente una selección de las colecciones del Acervo Patrimonial y Pago en Especie.


ALGO SOBRE JUAN DIEGO

Lo que ahora conoceremos es sobre el suceso y la presentación de la tilma de Juan Diego (su nombre original era Cuauhtlatoatzin, que podría ser traducido como “el que habla como águila” o “águila que habla”) ante el hombre más importante y representativo en esos días en la Nueva España: fray Juan de Zumárraga. Fue en el Palacio del Arzobispado (para muchos un hecho totalmente desconocido, ya que no fue en Tlatelolco o en el Tepeyac como generalmente se piensa) donde ocurrió tan recordado acontecimiento. En México, la mayoría de los católicos conoce la historia y sabemos quién fue Juan Diego, pero por si hay alguien que pueda albergar dudas sobre él, aquí les presentamos un breve resumen sobre el segundo santo mexicano (el primero y por muchos años único fue San Felipe de Jesús). Gran parte de los estudiosos concuerda que Juan Diego nació en 1474 en Tlayacac de Cuautitlán, poblado que fue establecido en 1168 por los nahuas y posteriormente conquistado por el jefe azteca Axayacatl en 1467, y que estaba localizado 20 kilómetros al norte de México- Tenochtitlán.


¿CÓMO ERA JUAN DIEGO?

El Nican Mopohua (el documento único que trata sobre la manifestación de la Virgen de Guadalupe) describe a Juan Diego como un “macehualli” o “indio pobre”, es decir, que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del imperio azteca, como funcionarios, sacerdotes, guerreros, mercaderes, etcétera; que pertenecía a la más numerosa y baja clase de la sociedad, pero no a la de los esclavos. Cuando platica con la Virgen se describe como un hombrecillo o un don nadie y atribuye a esto su falta de credibilidad ante el obispo. Él trabajaba la tierra y fabricaba mantas que luego vendía. Era dueño de su pedazo de tierra y tenía una pequeña vivienda en ella. Estaba casado, pero no tenía hijos. Durante los años 1524 o 1525 se produce su conversión al cristianismo y fue bautizado, así como su esposa, recibiendo el nombre cristiano de Juan Diego, y su cónyuge el de María Lucía. Fueron bautizados por un fraile de nombre Peter da Gand, uno de los primeros misionarios franciscanos en arribar a México.


LA VIRGEN LE HABLA A JUAN DIEGO

De acuerdo con la primera investigación formal realizada por la Iglesia sobre los sucesos, las “Informaciones Guadalupanas de 1666”, se dice que Juan Diego parece haber sido un hombre muy devoto y religioso, aun antes de su conversión. Era muy reservado y de un místico carácter, afecto a largos silencios y frecuentes penitencias, quien solía caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán, a 20 kilómetros de distancia. Caminaba descalzo, como la gente de su clase, un macehualli, ya que sólo los miembros de los estratos superiores usaban cactlis o sandalias, confeccionadas con fibras vegetales o pieles. Su esposa María Lucía enferma y luego fallece en 1529. Juan Diego entonces se traslada a vivir con su tío Juan Bernardino, en Tolpetlac, que le quedaba más cerca de la iglesia en Tlatilolco (Tlatelolco), sólo 14 kilómetros. En esas frías madrugadas de diciembre usaba una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, el cactus típico de la región. El algodón era usado sólo por los aztecas más privilegiados. Durante una de sus caminatas rumbo a Tenochtitlán, que solía tomar unas tres horas y media a través de montañas y poblados, ocurre la primera manifestación de la Virgen de Guadalupe, en el lugar ahora conocido como “capilla del cerrito”, donde la Santísima Virgen le habló en su idioma, el náhuatl. Ella se refirió a él con grandísimo cariño, llamándolo “Juanito, Juan Dieguito, el más pequeño de mis hijos, hijito mío”.


MUERE EN 1548, A LOS 74 AÑOS

Tenía 57 años en el momento de las apariciones, ciertamente una edad avanzada en un lugar y época donde la longevidad de vida masculina era precaria. Luego del milagro de Guadalupe, Juan Diego se fue a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla que alojaba la santa imagen, dejando todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino y pasando el resto de su vida completamente dedicado a la difusión, entre la gente de su pueblo, del relato de las apariciones. Juan Diego muere el 30 de mayo de 1548, a los 74 años. Su Santidad Juan Pablo II alabó en Juan Diego su gran fe y lo definió (a aquel que le dijo a la Santísima Virgen: “Soy sólo un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda”) como un modelo de humildad para todos nosotros. En abril de 1990, Juan Diego fue beatificado por el papa Juan Pablo II en el Vaticano. Al siguiente mes, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la ciudad de México, durante su segunda visita al Santuario, Su Santidad presidió la solemne ceremonia de beatificación. En julio de 2002 fue canonizado en una ceremonia presidida por Juan Pablo II, realizada en la Basílica de Guadalupe.


EDIFICIO DE LA SHCP, MUSEO DEL ARZOBISPADO

En la actualidad, al visitar el inmueble del Arzobispado podemos apreciar en una pizarra roja la descripción de lo que ahí aconteció, algo sobre los años de historia del predio, así como otros detalles que hacen especial a este lugar. Aquí les presentamos un fragmento de este escrito: “El inmueble que hoy ocupa el Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se ubica en el sitio en el que fue erigido el Antiguo Palacio Arzobispal, fundado en 1530 por fray Juan Zumárraga, quien estableció su primera residencia en las casas edificadas sobres las ruinas del templo de Tezcatlipoca. Estas construcciones sirvieron como sede al obispado de la Nueva España y, según la tradición, fue en este recinto donde Zumárraga recibiría a Juan Diego con el testimonio de la aparición guadalupana en 1531…”. Y demás sucesos históricos arriba ya mencionados.


TESTIMONIOS ACTUALES DEL PALACIO DEL ARZOBISPADO

En el inmueble y lugar del suceso histórico, ahí donde ocurrió el encuentro memorable, entrevistamos a Rafael Ríos, que se desempeña como asesor educativo del Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del antiguo Palacio del Arzobispado, quien amablemente nos habló sobre las actuales funciones del edificio, enseñándonos para ello algunos lugares interesantes como los murales, corredores y muebles, y nos mostró una sala donde muy probablemente tuvo lugar el memorable encuentro de Juan Diego y Zumárraga. En la actualidad, esta habitación lleva el nombre de Sala de arte sacro; era la habitación central de la casa, que con los años pasó a tener múltiples funciones. Pero también averiguamos, como leyenda histórica y no comprobada, que posiblemente Zumárraga, por ser un español de origen bastante férreo, no aceptaba que entraran indios en ese recinto, por eso hay quien afirma que Juan Diego ni siquiera entró ahí, y que el tan mencionado encuentro se dio realmente en las calles de Moneda, en el pórtico del palacio. Algunos más mencionan que fue donde hoy está ubicado el museo del sitio como lugar de la develación del ayate. Lo que sí se nos aseguró fue la relación de esta casa arzobispal y el convento de Santiago Tlatelolco, donde Juan Diego estudió el español y se convirtió a la religión católica. De esta forma se estaría hablando de tres lugares importantes en relación con Juan Diego: el Cerro del Tepeyac, Santiago Tlatelolco y el Palacio del Arzobispado.


UN LUGAR PARA EL CULTO GUADALUPANO

Se cree que esta versión del importantísimo encuentro no es muy difundida porque podría ocasionar que la gente del clero en México tratara de recuperarlo y convertir al lugar como sitio de adoración, donde los fieles tendrían que pasar por ahí como lugar obligado de culto durante su peregrinaje guadalupano. De ahí el riesgo de que la Iglesia tratara de apropiárselo por su vínculo directo con Juan Diego. Es por eso que este suceso se mantiene como ignorado y un poco restringido. Hoy el sitio sirve para albergar exposiciones de arte, fotografía, festivales o presentaciones infantiles y de libros. Si usted tiene la oportunidad de adentrase en sus paredes, recuerde todo lo que ahí ha sucedido y maravíllese de este sitio y otros más que tenemos en nuestro Centro Histórico.

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